16 marzo, 2011

Top 20 Canciones de Tsunami.



1) Billie Holiday - How deep is the ocean
2) Simon & Garfunkel - Bridge over troubled water
3) Charles Trenet - La mer
4) Sam Cooke - Wade in water
5) Peter Gabriel - Here comes the flood
6) Magnetic Fields - Suddenly there is a tidal wave
7) Iron Maiden - Run to the hills
8) My Dying Bride - A sea to suffer in
9) Cecilia - Baño de mar a medianoche
10) The Velvet Undeground - Here comes the ocean
11) Pixies - Wave of mutilation
12) Kate Bush - Running up that hill
13) Rocío Jurado - Como una ola
14) Apples in stereo - Tidal wave
15) Actitud Maria Marta - La Ola
16) Alphaville - Big in Japan
17) Os Paralamas Do Sucesso - Alagados
18) Bob Dylan - High water
19) Demonios de Tasmania - Siempre lo olvido
20) The Beach Boys - Catch a wave

(Créditos: Lupi, Leo, Marisol, Florencia, Eleona, Carlos y Rodrigo)

14 marzo, 2011

De: "Curriculum", Rodrigo Lira



VI. ADVERTENCIAS

1) El postulante no dispone de una 'personalidad agresiva'
2) El postulante en general no es todo el tiempo una persona 'dinámica'.
3) El postulante no tiene televisión, ni teléfono, ni 'movilización propia'
4) Como se indicó, el postulante no tiene una facilidad sobresaliente para integrarse fluidamente a grupos de trabajo en equipo.
5) Aparte de algunos ex alumnos del Campus Macul, y una mayoría de escritores, el postulante tampoco mantiene un nivel digno de consideración de relaciones sociales: no es una persona 'bien relacionada'.
6) El postulante, sin embargo, no es nada de tonto.

08 marzo, 2011

La Chinoise (中国女) - Mao Mao (1967)



Le Vietnam brûle et moi je hurle Mao Mao
Johnson rigole et moi je vole Mao Mao
Le napalm coule et moi je roule Mao Mao
Les villes crèvent et moi je rêve Mao Mao
Les putains crient et moi je ris Mao Mao
Le riz est fou et moi je joue Mao Mao
C'est le petit livre rouge
Qui fait que tout enfin bouge.

L'impérialisme dicte partout sa loi
La révolution n'est pas un dîner
La bombe A est un tigre en papier
Les masses sont les véritables héros
Les Ricains tuent et moi je mue Mao Mao
Les fous sont rois et moi je bois Mao Mao
Les bombes tonnent et moi je sonne Mao Mao
Les bébés fuient et moi je fuis Mao Mao
Les Russes mangent et moi je danse Mao Mao
Giap dénonce, je renonce Mao Mao
C'est le petit livre rouge
Qui fait que tout enfin bouge

La base de l'armée, c'est le soldat
Le vrai pouvoir est au bout du fusil
Les monstres seront tous anéantis
L'ennemi ne périt pas de lui-même
Mao Mao, Mao Mao, Mao Mao...

La Chinoise, dirigida por Jean-Luc Godard.
Música de Claude Channes.

19 febrero, 2011

El cráneo del marqués de Sade


No bastaron tres encarcelamientos los regímenes de Luis XVI, la república y Napoleón, ni en la muerte lo pudieron dejar en paz. Primero lo enterraron en un cementerio cristiano con una cruz encima y todo. Luego los seguidores de Franz Joseph Gall, estudiosos de la frenología, que eran muy disciplinados, robaron su cráneo para estudiarlo, cosas de frenólogos. Y bueno, sus estudios dieron como resultado que el cráneo de Sade era como el de todas las personas de su edad, mostraba una mezcla perfecta de vicios y virtudes, de benevolencia y tendencia al crimen. Era pequeño y bien formado, de hecho, de a primeras podría haber sido tomado por un cráneo de mujer, sobre todo por el desarrollo de los sectores atribuidos a la ternura y el amor por los niños. De hecho, el desarrollo de estos rasgos sólo eran comparables a los del cráneo de Heloísa, modelo de la ternura y del amor.

17 enero, 2011

El último traductor de Ginsberg

"Aullido", el mítico poema que este año cumple medio siglo, fue traducido por un poeta chileno, Rodrigo Olavarría, que a los 14 años fue cautivado por la literatura anglosajona y el espíritu rebelde que caracterizó a la generación beat. Su versión del poemario es la editada recientemente por Anagrama en el aniversario.

Publica El Mercurio, Mayo, 2006
Por Álvaro Matus

El árbol genealógico de los beat, ese grupo de muchachos revoltosos que escribían al ritmo afiebrado de las anfetaminas y del jazz envolvente de Charlie Parker, ha extendido sus raíces hasta lugares insospechados. Los hippies, los punks, los raperos. Todo lo que tenga un toque de disidencia, aventura y excesos huele a beat, a Kerouac, a Burroughs, a Cassady, a Corso pero, sobre todo, huele a Ginsberg.

"Aullido", un extenso poema que es todo vísceras y desparpajo, se sigue leyendo como una crítica furibunda al american way of life. "Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas", dice el primer verso de este poema que ha nutrido también la obra de autores nacionales como Bolaño, Lira y Bertoni.

Más al sur, en Puerto Montt, las raíces del árbol beatnik alcanzaron a un inquieto muchacho que comenzó a leer, tanto para acelerar las tardes de verano como para mejorar su inglés, la novela “On the road” (En el camino) de Jack Kerouac. "Me volví loco, no hallaba qué hacer, sonreía leyéndolo, qué felicidad", recuerda Rodrigo Olavarría, que ya no tiene 14 años, claro, sino 25.

09 enero, 2011

La música inédita de Arthur Russell.


Excelente artículo sobre la música de Arthur Rusell que aun no se ha hecho pública, lo que queda en los archivos y sobre la posible edición de un disco dedicado a su lado más bailable. LÉALO AQUÍ. Dejo también un extra del DVD del documental 'Wild Combiation', la canción se llama 'Soon to be innocent fun" de 1985.

05 enero, 2011

What Went Into William Burroughs Coffin With His Dead Body


About ten in the morning on Tuesday, August 6, 1997, James Grauerholz and Ira Silverberg came to William's house to pick out the clothes for the funeral director to put on William's corpse. His clothes were in a closet in my room. And we picked the things to go into William's coffin and grave, accompaning him on his journey in the underworld.

His most favorite gun, a 38 special snub-nose, fully loaded with five shots. He called it, "The snubby." The gun was my idea. "This is very important!" William always said you can never be too well armed in any situation. Of his more than 80 world-class guns, it was his favorite. He often wore it on his belt during the day, and slept with it, fully loaded, on his right side, under the bedsheet, every night for fifteen years.

Grey fedora. He always wore a hat when he went out. We wanted his consciousness to feel perfectly at ease, dead.

His favorite cane, a sword cane made of hickory with a light rosewood finish.

Sport jacket, black with a dark green tint. We rummaged through the closet and it was the best of his shabby clothes, and smelling sweetly of him.

Blue jeans, the least worn ones were the only ones clean.

Red bandana. He always kept one in his back pocket.

Jockey underwear and socks.

Black shoes. The ones he wore when he performed. I thought the old brown ones, that he wore all the time, because they were comfortable. James Grauerholz insisted, "There's an old CIA slang that says getting a new assignment is getting new shoes."

White shirt. We had bought it in a men's shop in Beverly Hills in 1981 on The Red Night Tour. It was his best shirt, all the others were a bit ragged, and even though it had become tight, he'd lost alot of weight, and we thought it would fit. James said, "Don't they slit it down the back anyway."

Necktie, blue, hand painted by William.

Moroccan vest, green velvet with gold brocade trim, given him by Brion Gysin, twenty-five years before. In his lapel button hole, the rosette of the French government's Commandeur Des Arts et Lettres, and the rosette of the American Academy Of Arts and Letters, honors which William very much appreciated.

A gold coin in his pants pocket. A gold 19th Century Indian head five dollar piece, symbolizing all wealth. William would have enough money to buy his way in the underworld.

His eyeglasses in his outside breast pocket.

A ball point pen, the kind he always used. "He was a writer!", and wrote long hand.

A joint of really good grass.

Heroin. Before the funeral service, Grant Hart slipped a small white paper packet into William's pocket. "Nobody's going to bust him." said Grant. William, bejewelled with all his adornments, was travelling in the underworld.

I kissed him. An early LP album of us together, 1975, was called Biting Off The Tongue Of A Corpse. I kissed him on the lips, but I didn't do it. . .And I should of done it.

- John Giorno, The Wisdom of the Witches. (Audio: AQUÍ)

09 diciembre, 2010

"Evguénie Sokolov" de Serge Gainsbourg.

De mi vida, sobre esta cama de hospital que sobrevuelan las moscas de la mierda, la mía, me vienen confusas imágenes, a veces precisas, con frecuencia confusas, out of focus, dicen los fotógrafos, que puestas a continuación unas de otras compondrían una película a la vez grotesca y atroz, en tanto tendría la singularidad de no emitir por la banda sonora paralela en el celuloide a las perforaciones longitudinales más que deflagraciones de gases intestinales.
Si me atengo a mi vacilante memoria, me temo que desde mi más tierna infancia tuve el don natural, qué digo, el inicuo infortunio de ventearme sin parar, pero, como era de natural a la vez púdico e hipócrita, y seguramente esperaba el momento propicio para exhalar sin testigos ni vergüenza aquellos suspiros parasitarios, nadie en mi entorno descubrió jamás mi cruel anomalía. Supongo que, a través de las relaciones solapadas de mi esfínter anal, hidrógeno, gas carbónico, nitrógeno y metano eran expulsados al aire libre de wáteres y plazoletas, y con certeza en aquella época podría detener a voluntad los vapores nocivos mediante la sola contracción de la ampolla rectal.
Hoy, encamado, en ansiosa espera del tercer intento de electrocoagulación, miro cómo hinchan las sábanas mis impetuosas e infectas ventosidades, sobre las que hace ya tanto tiempo, ay, que he perdido el control, y, mientras pulverizo ineficaces desodorantes, reconstruyo la traza de un destino miserable y nauseabundo.
Mis primeros balbuceos de bebé emitidos por vía anal no inquietaron en absoluto a mi ama de cría, una lechera de pechos de luxe a cuyos ojos echaba sistemáticamente, arrastradas por mis aires colados, las nebulosidades talcosas con que ella me espolvoreaba las nalgas, porque, mientras peía, no dejaba de estrujar una rata de juguete con una sonrisa estupefacta.
Siguió un desfile de niñeras, como un baile de alta costura. Una me enseñó de paso el alfabeto cirílico, ésta los puntos de musgo y de jersey, aquélla a tocar el armonio de fuelle, sin que ninguna resistiese más de tres meses el hedor que desprendía el mío.
En el colegio, en las placas turcas de puertas batientes, para las que sólo el maestro tenía llave, como si lo que dejaba en ellas fuera más precioso, el miedo me anudaba la garganta, y mi ano empezaba a emitir sus ruidos parasitarios, un jaleo que podía percibirse incluso bajo el cobertizo del patio, por mucho que al lado los demás, por la forma perentoria en que usaban el papel de periódico, no tuvieran ningún problema en dejar adivinar sus asuntos secretos. (…)
Pronto di muestras de una muy clara inclinación por el dibujo, pero la espontaneidad de mis bosquejos y la ingenua frescura de mis acuarelas fueron inmediatamente moderadas por los pedagogos, que se burlaban de mis globos cúbicos, conejos ajedrezados, cerdos azules y otros fantasmas embrionarios, y, como tenía que someterme, me vengaba en la piscina soltando junto a ellos unas burbujas irisadas que subían borboteando a la superficie antes de estallar en el aire puro y liberar sus gases contestatarios.
En el dormitorio común, el problema estaba en dar curso a mis ventosidades sin despertar a nadie, pero la primera noche, después de dos o tres pedorreras perdidas en unas quintas de tos fingida, hallé la solución instintivamente, un dedo introducido con delicadeza en el esfínter, y los gases deflagraron sin causar alarma, y de día, mientras recorría a Catulo sin prestar atención, Quid dicam gelli quare rosea ista labella, no me privaba de ventearme con sordina mirando con insistencia a mis vecinos inmediatos, y tal era la flema que gastaba, que las sospechas nunca se dirigieron a mí en relación con el perfume, y, cuando era llamado al encerado, podía ocurrir que el profesor castigase a toda la clase, habiendo intentado en vano saber quién tiraba bombas fétidas. (…)
Fui expulsado del colegio por indisciplina, y llevado por mis ventosidades entré en la escuela de Bellas Artes, donde, aunque mediocre en matemáticas, opté sin convicción por los estudios de arquitectura.
Allí tuve que dominarme, puesto que las clases eran mixtas. Aprendí así a controlarme un poco, aunque no me curé; ya que el taller estaba situado en el sexto piso de una anexo de la escuela, me obligué a tirar uno de mis petardos en cada escalón, y pude contenerme un tiempo, que me vio pasar, siempre con mis gases, de la trigonometría a la pintura.
Empecé por el carboncillo, y al alba planté el trípode de mi caballete junto al Perseo de Cellini, fascinado como estaba por la garganta seccionada de la Medusa, y en aquellas galerías a menudo desiertas en las que el eco me devolvía mis escapes, que corrían entre bronces y yesos y reverberaban con estruendo bajo las vidrieras, me sentí bastante feliz. Pronto hube de pasar a los modelos vivos, y con una mirada fría de la que aún estaba excluida toda satisfacción animal descubrí el desnudo femenino. Por culpa de aquellos montones de carne blanda, de aquellos cuerpos inflados o huesudos, de aquellos pubis parduscos, pelirrojos o ala de cuervo de los que a veces salía, por el ángulo agudo de triángulo isósceles, el hilo de un tampón periódico, nació en mí una misoginia furiosa que ya no me abandonó, en tanto mi mano idealizaba todo aquello en bosquejos acerados y coléricos que rubricaba, de vuelta en casa, con chorros de esperma, autógrafos agotadores que me llevaron instintivamente a una prostituta de extrarradio, Rosa, Ágata, Angélica, un nombre de planta, piedra o flor, poco importa, que se metió mi verga en la boca mientras yo me tiraba un pedo que la pobre recibió con la cabeza bajo la sábana, como esos vahos que se usan habitualmente para despejar las vías respiratorias, y hete aquí que resbala lentamente sobre el linóleo, cloroformizada.

Fuente: Hueders