14 marzo, 2016

Nuestra señora de las nieves



En la plaza Jungmannovo visitamos la iglesia franciscana de Nuestra Señora de las Nieves, cuya nave es la más alta de Praga. A Kafka le interesó el nombre. Me alegré de poder explicarle el origen de una denominación tan extraña para una iglesia, ya que había asistido varias veces a recitales de música religiosa checa antigua en aquel templo y había aprovechado la ocasión para informarme más a fondo de sus particularidades.
Según una leyenda antiquísima, en el siglo IV vivió en Roma un ciudadano muy rico y muy piadoso al que la Madre de Dios le había encargado en sueños que construyera una iglesia consagrada a ella en el mismo lugar en que al día siguiente hallara nieve. Según la leyenda, esto ocurrió durante los días más calurosos del verano del año 352. Así pues, se trataba de un sueño completamente absurdo que, sin embargo, demostró ser real, ya que a la mañana siguiente la colina romana de Esquilino apareció cubierta de nieve. El ciudadano romano, cuyo nombre se me había olvidado, hizo erigir allí la primera de toda una serie de iglesias de Nuestra Señora de las Nieves.
El sueño que supuestamente dio origen en Roma a la fundación de esta iglesia aparece representado en el retablo del altar mayor del templo franciscano homónimo de Praga.
Se lo mostré al doctor Kafka y terminé mi explicación con estas palabras:
—El nombre de la iglesia se basa en esa leyenda milagrosa.
A eso repuso el doctor Kafka:
—No lo sabía. Sólo conozco las noticias de los cronistas más recientes. Según sus datos, en el siglo xv esta iglesia fue un importante centro de reunión de los husitas más radicales.
Continuamos caminando.
Por un momento, la cara de Kafka se iluminó con el reflejo de una sonrisa que en seguida quedó sellada tras el severo pliegue de sus labios, y dijo:
—El milagro y la violencia sólo son los dos polos de la falta de fe. Uno malgasta la vida esperando pasivamente un mensaje orientador que nunca llega porque precisamente nuestra tensa espera hace que seamos sordos a él; o bien descarta toda esperanza con impaciencia y ahoga su vida entera en una orgía criminal de sangre y fuego. Los dos extremos son erróneos.
—¿Cuál es el correcto? —pregunté yo.
—Esto —respondió Kafka sin pensar, señalando a una anciana que rezaba arrodillada frente a una capilla lateral próxima a la salida—. La oración.
Dicho esto, me tomó del brazo y me atrajo con firmeza hasta la puerta. Una vez en el antepatio, dijo:
—La oración, el arte y los trabajos científicos de investigación sólo son tres llamas distintas que surgen de un foco único. Con ellas intentamos superar las posibilidades de nuestra voluntad personal de las que disponemos en un momento dado y llegar más allá de los límites de nuestro propio y diminuto yo. El arte y la oración sólo son manos tendidas en la oscuridad. Uno mendiga para regalarse a sí mismo.
—¿Y la ciencia?
—Es la misma mano mendicante de la oración. Nos lanzamos al oscuro arco de luz que une el dejar de ser con el llegar a ser para acomodar la existencia en la cuna de nuestro pequeño yo. Eso lo hacen por igual la ciencia, el arte y la oración. Por eso, hundirnos en nosotros mismos no constituye un descenso a lo inconsciente, sino un ascenso desde lo vagamente intuido a la superficie diáfana de la conciencia.

De: "Conversaciones con Kafka" de Gustav Janouch.

04 noviembre, 2015

Presentación de "Valpore" de Cristóbal Gaete



Hace poco fui invitado por Verónica Jiménez, la poeta y editora a cargo de Garceta Ediciones a presentar la segunda edición chilena de la novela Valpore de Cristóbal Gaete. Esto ocurrió el 28 de octubre recién pasado y las presentaciones estuvieron a cargo de la crítica literaria Patricia Espinosa y su servidor. Este es el texto que escribí para ser leído en la ocasión.

UNAS PALABRAS MÁS SOBRE VALPORE
por Rodrigo Olavarría

Una de las leyendas alrededor de Valpore es que su autor se hizo de parte importante de la primera edición y la ocultó. No se sí eso sea cierto, es posible. El libro llegó a mí, en sus primeras semanas de existencia, a través del poeta y amigo entrañable, Daniel Tapia, el autor del poemario La contru de mi alma y la primera persona en escribir sobre la novela que hoy nos reúne, tocando prácticamente todos los puntos que posteriores críticos y reseñistas tocarían. A saber: la relación con la fantasía de El almuerzo desnudo de William Burroughs (que en Valpore es mencionada explícitamente, pero de costado, como sólo una película: El festín desnudo), el vínculo con el tópico del descenso al inframundo que Tapia, muy oportunamente, relaciona con José Victorino Lastarria y su Don Guillermo, la crítica a la institucionalidad cultural y política, y todo lo demás, en realidad. El caso es que Daniel Tapia me hizo leer Valpore y me convirtió en un misionero de esta novela que he leído y releído, y por la cual siento admiración sincera, sobre todo por el impulso que la recorre y la borboteante imaginación que le da vida, y cuando digo borboteante, quiero decir que esa imaginación borbotea como el caldero de una bruja.

Es natural mencionar la relación de Valpore con la narrativa social de autores como Nicomedes Guzmán, González Vera y Manuel Rojas. Esto ha sido mencionado en prácticamente todos los escarceos escritos en torno a esta novela y es absolutamente cierto, pero Valpore no toca solamente la tecla de la realidad, sino que también ensaya unos acordes de irrealidad y fantasía paranoide en torno a los tópicos que aborda, por ejemplo, Nicomedes Guzmán en Los hombres obscuros, publicada en 1939. En ella ocurre una redada policial higienista y, digámoslo, fascista, en que los pobladores del sur de Santiago son sacados a la calle por la policía y el ejército para ser rapados, desinfectados, y así evitar que transmitan sus enfermedades al resto de Santiago. El efecto de esta redada llega al lector cuando el protagonista llega a su cité y encuentra a su amada, enferma de tuberculosis, sentada en la calle, cubierta con una manta miserable y expuesta al frío del invierno, rapada y bañada en un químico asqueroso. En Valpore, en cambio, vemos una redada policial en el cerro Valpore, un cerro ubicado a espaldas de Valparaíso, “el cerro final”, en palabras del propio Gaete, y en esa redada vemos cómo “los mostros”, los niños fumones de pasta base, arrancan de las cucas y los palos de los carabineros, palos que caen innumerables sobre esas cabezas frágiles como cáscaras de huevo, cabezas que reventadas en el suelo se evidencian vacías, huecas, cubiertas por una película de polvo blanco. 

Lo que es sentimental en Nicomedes Guzmán, en Gaete es brutal y producto de la mirada de un narrador que no siente compasión por estos niños, ni por los cineastas o los investigadores patrimoniales o los estudiantes de posgrado que se revuelcan con sus objetos de estudio para meterlo todo luego en un artículo en una revista indexada, en fin, ni siquiera por aquellos parecidos a él mismo, un: “indio-alternativo-artista-garzón-porteño”.

Pienso que el protagonista de Valpore es un Odiseo que vaga sin destino por un mar Egeo que no es sólo un paisaje, sino todo el entramado social porteño, incluidas la escenificación cultural que caracteriza las políticas culturales de la concertación. Ahí navega nuestro dudoso héroe, tratando de hacerla, página a página, mientras Gaete no escatima el vitriolo de su imaginación. El mismo Gaete dice por ahí sobre Valpore: “Más que la versión bizarra de Valpo, para mí es la posibilidad de crear un espacio a partir de elementos reales llevados a un extremo”. Y es muy cierto. Los personajes y condiciones sociales puestos ante nosotros son reales y han sido extremados mediante la práctica de una crítica paranoica, un método que suele revelarnos más de lo que quisiéramos ver. Y en esto, vuelvo a pensar en Daniel Tapia, quien recalcó, poco después del terremoto del 2010, que en Valpore existía el “gesto compulsivo de mostrar la ciudad que no se ve, ese puerto que esconden los medios oficiales y que descubre la literatura”. Ambas novelas, Valpore y Don Guillermo (conocida con el mote de: "la primera novela chilena"), comparten este gesto y también la voluntad crítica de desmenuzar la sociedad y evidenciar la vileza. En Don Guillermo, la de cuatro monstruos que someten a la población: Mentira, Ignorancia, Fanatismo y Ambición; y en Valpore, una clase política que encarna los mismos cuatro monstruos denunciados por Lastarria, una institucionalidad neoliberal que lanzó bombas de neutrones sobre la dignidad de la sociedad chilena, pauperizándola y despojándola del lenguaje. Y cuando elijo la imagen de la bomba de neutrones es porque esta bomba aniquila a los seres humanos pero deja intactos los edificios, haciendo que todo parezca normal y en orden, en una imagen fantasmagórica más que podría ilustrar aquello que la dictadura y su continuidad han hecho por Chile.

Una vez escuché a un amigo decir un chiste brutal, uno que quizás haría reír a Cristóbal Gaete, un chiste cómico y doloroso cuya línea final reemplaza la expresión “lumpen proletariado” por la de “lumpen profesorado”. Quizás cabe aquí decir que el amigo que me contó ese chiste es profesor y vive y trabaja en Valparaíso. 

En fin, voy a cerrar citando el último párrafo de la presentación de Daniel Tapia, que me parece ejemplar por su lucidez y su veloz apreciación: “Cómo va a cambiar el destino de una ciudad o de un país un pobre angustiao. Ni con los grandes ladrillos de paraguayo ni con los papelillos de pasta ni con esa coca pateá con bicarbonato ni con diez mil cañas de vino se puede cambiar el destino de nuestras vidas, dominados por las cúpulas de los poderosos políticos y su dinero”.

Presentación de Bruno Montané



El miércoles 14 de octubre del 2015 en la Universidad Diego Portales me tocó presentar a Bruno Montané, poeta chileno y fundador del Infrarrealismo junto a Mario Santiago y Roberto Bolaño, quien participó de la Cátedra Abierta Roberto Bolaño con la conferencia “Papeles del afuerino”. He aquí el texto de esa presentación.

LA FENOMENOLOGÍA DE LOS DESVANES
por Rodrigo Olavarría.

Partamos por lo más obvio, bienvenidos a la Cátedra Abierta Roberto Bolaño. Bienvenido Bruno. Ahora, voy a realizar una pequeña contextualización biográfica de nuestro invitado de honor. Bruno Montané nació en Valparaíso. A los diecisiete, después del golpe de estado emigra junto a sus padres y hermano a México, donde vivió entre 1974 y 1976 para luego partir a Barcelona y ahí residió hasta hace muy poco. ¿Vives en Bremen ahora, no? Ha publicado El maletín de Stevenson (1985), Helicón (1987), Cuenta (1998), El cielo de los topos (2002) y hace casi un año Mapas de bolsillo a través de Ediciones Tajamar. Además ha publicado en numerosas antologías y revistas desde mediados de los años setentas. Bruno Montané es también uno de los fundadores del infrarrealismo, un movimiento poético que él no tiene ningún problema en desmitificar, pero que tanto los amantes de la poesía como los lectores de la obra de su amigo Roberto Bolaño, hemos levantado a un estatus legendario. 

La verdad es que toda esa generación de poetas latinoamericanos, los infrarrealistas: Roberto Bolaño, Bruno Montané, Mario Santiago y otros; los poetas horazerianos del Perú: Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, Tulio Mora, Carmén Ollé y otros, y poetas chilenos como Rodrigo Lira, Claudio Bertoni y Diego Maquieira, han sido leídos por nuevas generaciones de poetas que los consideran sus predecesores y admiran tanto sus posiciones estéticas como la forma en que resistieron la acometida de la historia, tanto del fascismo como del estalinismo, y no cedieron a la escritura comprometida, fieles a un programa poético que tenía tintes colectivos, pero que rescataba también el valor de una profunda e irrenunciable individualidad. Autores de una poesía que hacía énfasis en la visualidad, en la imagen, quizás por una línea genealógica que va del imaginismo de la primera hora, el de William Carlos Williams y Ezra Pound a Ernesto Cardenal y a Allen Ginsberg, por nombrar dos poetas que influyeron en una generación que rehuyó lo dado, que se alejó de las formas tradicionales y del verso de forma cerrada.

En un manifiesto conjunto de Bruno Montané y Roberto Bolaño titulado “Rasgar el tambor, la placenta” escrito en Barcelona en noviembre de 1977 y publicado en “Rimbaud vuelve a casa”, se plantea una imagen recurrente en la obra de Montané y Bolaño, una imagen que aparece en Estrella distante y Los detectives salvajes, una imagen emparentada con el poema épico de una generación que es el Aullido de Allen Ginsberg: “Estamos como esos niños que huyeron de los nazis y se perdieron en los bosques polacos y fueron muriendo de hambre, como cuenta Brecht en una balada. Estamos como esos niños de La Cruzada de los niños, de Marcel Schwob, con cuarenta grados de fiebre, resbalando una y otra vez por las faldas crispadas de la Cordillera de Los Andes.”

Esa era la situación de estos jóvenes, toda una generación, que se veían exiliados dentro y fuera de sus países. Intentando conectar, intentando crear sentido, intentando crear en un mundo que se había convertido en el tubo de ensayo de una terrorífica sociedad futura, una sociedad a la que nos acercamos cada vez más. Y de fondo, el famoso discurso de las armas y las letras, resonando en la imaginación de todos los que crecieron paralelamente al triunfo de la revolución cubana. Esa generación.

En la antología Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego de 1979, Bruno Montané es presentado como poeta, inventor de objetos y fotógrafo. Este dato no deja de ser importante pues Bruno Montané es el tipo de poeta-fotógrafo capaz de descubrir que las palomas vuelan dentro de la sombra de los edificios y luego sentarse con lápiz y papel a extraer las imágenes cansadas que hierven dentro de las bujías de la imaginación; es también el tipo de inventor que ejerce su derecho a no ser él mismo y a desarrollar la fenomenología de los desvanes mientras apila los ladrillos de la vida contra los rincones del abismo.

Bruno Montané es el tipo de poeta capaz de escribir versos como: “La palabra es hoguera en los palacios / Y tienda de campaña en los jardines”, un poeta que ejercita la mirada para fijar esas imágenes en el papel, es un editor de la realidad deslumbrado por el lenguaje y un convencido de que dentro de un verso se esconde el verso que lo sucede. Es un poeta del lenguaje, pero capaz de crear imágenes que quedan suspendidas en la mente del lector. En ese sentido, es un poeta y un fotógrafo, un autor que a ratos pareciera desconfiar del ejercicio de la escritura o que, mejor dicho, continuamente cuestiona la escritura como medio y como obra, sobre todo la suya propia.

En esta poesía, como duendes, las mejores imágenes y los mejores pensamientos salen de lo inmaterial, de lo trascendente a lo concreto. Las imágenes y los pensamientos se hacen visibles al ser revelados en el cuarto oscuro que es la lectura: “como si una persona se viese invadida de lucidez”, esas son palabras del propio Montané. 

Esta desconfianza que antes mencionaba ya es visible en el texto de presentación que escribió en 1979, cuando tenía veintidós años, para una antología de jóvenes poetas chilenos titulada Entre la lluvia y el arcoíris (1983). Este texto es genial porque se me hace la idea de que Bruno Montané podría haberlo escrito ayer para ser leído hoy: “En estos días me estoy pensando mucho el asunto de la escritura, lucho enredándome al cuestionar mi desarrollo, yo creo que se trata de no caer en falsas coartadas, en lugares o estilos cómodos. Más o menos, lo único que doy por definitivo es el deseo y la necesidad por crear, por producir un sistema paralelo contenido en la realidad: la literatura y su pedacito llamado poesía. // Estos poemas escritos hace algún tiempo forman parte de este aprendizaje que no termina (pero la escuela es muy rara) y su producción la considero bastante intuitiva, dejándose llevar mucho por el ritmo, por el aliento del verso que contiene en si al que le sigue, etc.”

Y más recientemente, el propio Bruno Montané ha dicho sobre su poesía: “Creo que es rara, que se pelea consigo misma, que es una poesía sobre el lenguaje. Pero que siempre intenta asumir un gran respeto por la mente del lector.” Es humilde Bruno Montané, dice que intenta asumir un gran respeto por la mente del lector, lo cual es absolutamente cierto, pero en realidad lo que hace es ofrecer dulcemente a esa mente hipotética que es la mente del lector imágenes donde la realidad es una nube que nos corona la cabeza y nos ofusca, imágenes que son flashazos en medio de reflexiones intuitivas, donde la escritura se asume como “asomarse a un túnel, / errar e insistir”, golpear “las precisas piedras / que chocan y hacen chispas en la noche inútil”.

También recientemente ha dicho, sobre el acto de escribir poesía: “Lo que llamamos estilo no es más que el balbuceo que torpemente intentamos asumir cuando escribimos el primer verso, sin saber nunca si lo hemos conseguido.” Afirmación que me huele a Flaubert y su “el lenguaje es como una tetera rota en la que tocamos música para que los osos bailen, cuando, en realidad, todo lo que queremos es conmover a las estrellas”. Un artesano que desconfía del lenguaje, el material que ha elegido para realizar su oficio.

A veces incluso podría sonar desencantado, pero sabe que aunque “ningún poema dé / lo que regala una extraña hora”, “el poema recuerda que el silencio / de un fuego lejano / crepita en nuestra imaginación” y que, a fin de cuentas, “ningún poema se equivoca / en su oscuro equilibrio”. Como vemos, no existe tal desencanto, la poesía para Montané es un ejercicio necesario, desligado de la función productiva que implica la concreción del acto escritural en el objeto que conocemos con el nombre de libro. De hecho, hace menos de un año afirmaba: “escribo sin pensar en un libro. Escribo el poema, una y otra vez, veladas versiones que siguen el mismo impulso, como hacía el pianista de jazz Thelonious Monk, cuando explicaba que todos sus temas eran parte de un largo e interminable solo…”

Roberto Bolaño en uno de ensayos y prosas dispersas reunidas en el libro Entre paréntesis dijo sobre los poemas de Montané: “Su poesía está hecha de pinceladas suspendidas en el aire. A veces son sólo apuntes, otras veces miniaturas, en ocasiones largos poemas existencialistas reducidos a ocho o doce versos. Su poesía está hecha de sangre suspendida en el aire. Su voluntad, o su disposición ante el mundo o ante la cultura, se debate entre polos irreconciliables. De esta dilatada lucha ha sabido extraer versos paradójicos. Escribe como un naturalista que cree en muy pocas cosas y que sin embargo sigue haciendo su trabajo con tesón, un tesón que en ocasiones se confunde con la indiferencia. Para mí es uno de los mejores poetas chilenos actuales.” 

Se me ocurre todo esto y un canguro salta de matorral en matorral en las praderas de mi mente.

Les pido que suspendamos la necesidad de la academia de citar y señalar referencias. No recuerdo el libro donde leí esto, pero recuerdo claramente haberlo leído. Se trata de un texto de Ezra Pound donde en alguna parte afirma: “lo único que me ha enseñado la vejez, es que a los diecisiete años tenía la razón”. Y a la luz de esta frase me gustaría volver a leer un fragmento de la poética que Bruno Montané escribió para Entre la lluvia y el arcoíris: “yo creo que se trata de no caer en falsas coartadas, en lugares o estilos cómodos. Más o menos, lo único que doy por definitivo es el deseo y la necesidad por crear, por producir un sistema paralelo contenido en la realidad: la literatura y su pedacito llamado poesía”.

Sería genial que cuando sea viejo, Bruno Montané pueda decir con naturalidad esta sabia y desfachatada frase: “lo único que me ha enseñado la vejez, es que a los diecisiete años tenía la razón”. Pero me parece que es una pregunta que se seguirá haciendo, renovándola una y otra vez, en el solo de piano de su escritura, en el cuarto oscuro donde vuelca sus químicos y extrae sus imágenes, en la mesa de dibujo donde extiende enormes mapas, fiel a la idea de que: “El poeta es el cartógrafo de los deseos que cuelgan al borde del abismo”.

26 octubre, 2015

Bruno Montané en la Cátedra Roberto Bolaño


El miércoles 14 de octubre en la Universidad Diego Portales me tocó presentar a Bruno Montané, poeta chileno y fundador del Infrarrealismo junto a Mario Santiago y Roberto Bolaño, quien participó de la Cátedra Abierta Roberto Bolaño con la conferencia “Papeles del afuerino”, he aquí el audio de ese día junto a algunas fotos de Roberto Apablaza.

20 octubre, 2015

Cinco poemas de William Carlos Williams



BUENAS NOCHES

Bajo la luz brillante del gas
abro la llave del lavaplatos
y veo el agua salpicar
la blanca y limpia cerámica.
A un lado de
las ranuras del escurridero
un vaso lleno de perejil—
de un verde nítido.
Esperando
que el agua se enfríe—
echo una mirada al suelo impecable—:
un par de sandalias de goma
una al lado de la otra
bajo la mesa de pared
todo está en orden para la noche.
Esperando, con un vaso en la mano
—tres chicas vestidas de raso rojo
pasan cerca de mí en
el susurrante fondo de
la abarrotada ópera—
es
la memoria y sus payasadas—
tres difusas e insignificantes chicas
colmadas de aromas y
el murmullo de telas
que se frotan con telas y
pequeñas zapatillas en la alfombra—
¡francés de instituto
hablado en voz alta!
Perejil en un vaso,
inmóvil y resplandeciente,
me hace regresar.
Tomo un sorbo y
bostezo deliciosamente.
Estoy listo para acostarme.


JUEVES

He tenido mi sueño—como otros—
y nada en él se ha cumplido, de modo que
ahora descanso sin preocupaciones
con los pies bien plantados en el suelo
y miro al cielo—
sintiendo mi ropa a mi alrededor,
el peso de mi cuerpo en mis zapatos,
el borde de mi sombrero, el aire que pasa dentro y fuera
hacia mi nariz—y decido no soñar más.


TARDE PARA EL CLIMA VERANIEGO

Tiene puesto
un viejo sombrero gris claro
Ella una boina negra

Él un suéter sucio
Ella un abrigo viejo azul
que le queda ajustado

Pantalones grises anchos
Falda roja y
zapatos de tacón rotos

Gordo Perdido Paseando
por ningún sitio en particular
por el barrio alto van pateando

y hacen un camino a través
de montones de
hojas de arce en el suelo

todavía verdes—y
nítidas como billetes de un dólar
Nada qué hacer. ¡Opa!


RETRATO PROLETARIO

Una joven alta sin sombrero
con delantal

Su pelo peinado hacia atrás, parada
en la calle

Un pie con medias roza
la acera

Su zapato en la mano. Mirándolo
con atención

Ella saca la plantilla de papel
para encontrar el clavo

Que le ha estado haciendo daño


LA JOVEN ESPOSA

A las diez AM la joven esposa
se pasea en negligé tras
las paredes de la casa de su marido.
Yo paso solo en mi auto.

Luego ella baja a la vereda
a llamar al heladero, al pescadero y se queda,
tímida, sin corsé, acomodándose
algunos cabellos; y yo la comparo
con una hoja caída.

Las silenciosas ruedas de mi auto
pasan crepitando sobre
hojas secas mientras saludo y sonrío.

*

GOOD NIGHT

In brilliant gas light
I turn the kitchen spigot
and watch the water splash
into the clean white sink.
On the grooved drain—board
to one side is
a glass filled with parsley—
crisped green.
Waiting
for the water to freshen—
I glance at the spotless floor—:
a pair of rubber sandals
lie side by side
under the wall—table
all is in order for the night.
Waiting, with a glass in my hand
— three girls in crimson satin
pass close before me on
the murmurous background of
the crowded opera—
It is,
memory playing the clown—
three vague, meaningless girls
full of smells and
the rustling sound of
cloth rubbing on cloth and
little slippers on carpet—
high school French
spoken in a loud voice!
Parsley in a glass,
still and shining,
brings me back. I take my drink
and yawn deliciously.
I am ready for bed.


THURSDAY

I have had my dream — like others —
and it has come to nothing, so that
I remain now carelessly
with feet planted on the ground
and look up at the sky —
feeling my clothes about me,
the weight of my body in my shoes,
the rim of my hat, air passing in and out
at my nose — and decide to dream no more.


LATE FOR SUMMER WEATHER

He has on
an old light grey Fedora
She a black beret

He a dirty sweater
She an old blue coat
that fits her tight

Grey flapping pants
Red skirt and
broken down black pumps

Fat Lost Ambling
nowhere through
the upper town they kick

their way through
heaps of
fallen maple leaves

still green—and
crisp as dollar bills
Nothing to do. Hot cha!



PROLETARIAN PORTRAIT

A big young bareheaded woman
in an apron

Her hair slicked back standing
on the street

One stockinged foot toeing
the sidewalk

Her shoe in her hand. Looking
intently into it
She pulls out the paper insole
to find the nail

That has been hurting her


THE YOUNG HOUSEWIFE

At ten AM the young housewife
moves about in negligee behind
the wooden walls of her husband’s house.
I pass solitary in my car.

Then again she comes to the curb
to call the ice-man, fish-man, and stands
shy, uncorseted, tucking in
stray ends of hair, and I compare her
to a fallen leaf.

The noiseless wheels of my car
rush with a crackling sound over
dried leaves as I bow and pass smiling.




02 octubre, 2015

'Baudelaire' de Delmore Schwartz



Este poema fue tomado del libro Selected Poems: Summer Knowledge, publicado por New Directions en 1967.


Baudelaire

Cuando me quedo dormido e incluso durante el sueño,
Escucho, muy claramente, voces que hablan
Frases enteras, trivialidades y lugares comunes
Sin ninguna relación con mis asuntos.

Querida Madre, ¿nos queda tiempo
Para ser felices? Mis deudas son inmensas.
Mi cuenta bancaria está sujeta al juicio de la corte.
No sé nada. No puedo saber nada.
He perdido la capacidad de esforzarme.
Pero hoy como antes mi amor por ti crece.
Siempre estás armada para apedrearme, siempre:
Es cierto. Desde mi infancia.

Por primera vez en mi larga vida
Estoy casi feliz. El libro, casi terminado,
Casi me parece bueno. Permanecerá, un monumento
A mis obsesiones, mi odio, mi asco.

Deudas e inquietudes persisten y me debilitan.
Satanás planea sobre mí, dulcemente susurrando:
"¡Descansa por un día! Hoy puedes descansar y jugar.
Mañana vas a trabajar". Cuando llega la noche,
Mi mente aterrorizada por las deudas,
Aburrida por la tristeza, paralizada por la impotencia,
Promete: "Mañana: Lo haré mañana".
Mañana se repetirá la misma comedia
Con el mismo final, la misma debilidad.
Estoy cansado de esta vida de habitaciones amobladas.
Estoy cansado de mis resfríos y mis jaquecas:
Tú conoces mi extraña vida. Cada día trae consigo

Una cuota de ira. Sabes poco
De la vida de un poeta, querida Madre: Debo escribir poemas,
La más cansadora de las ocupaciones.

Estoy triste esta mañana. No me retes.
Te escribo desde un café cerca del correo,
Entre los ruidos de las bolas de billar y los platos,
El golpeteo de mi corazón. Me pidieron que escriba
"Una historia de la Caricatura". Me pidieron que escriba
"Una Historia de la Escultura". ¿Escribiré la historia
De las caricaturas de las esculturas de ti en mi corazón?

Aunque sea para ti una agonía incalculable,
Aunque creas que no es necesario
Y dudes de la precisión de la suma, por favor,
Mándame dinero suficiente para por lo menos tres semanas.

***

Baudelaire

When I fall asleep, and even during sleep,
I hear, quite distinctly, voices speaking
Whole phrases, commonplace and trivial,  
Having no relation to my affairs.  

Dear Mother, is any time left to us
In which to be happy? My debts are immense.
My bank account is subject to the court’s judgment.
I know nothing. I cannot know anything.  
I have lost the ability to make an effort.
But now as before my love for you increases.  
You are always armed to stone me, always:  
It is true. It dates from childhood.

For the first time in my long life
I am almost happy. The book, almost finished,  
Almost seems good. It will endure, a monument
To my obsessions, my hatred, my disgust.  

Debts and inquietude persist and weaken me.  
Satan glides before me, saying sweetly:
“Rest for a day! You can rest and play today.  
Tonight you will work.” When night comes,  
My mind, terrified by the arrears,
Bored by sadness, paralyzed by impotence,  
Promises: “Tomorrow: I will tomorrow.”
Tomorrow the same comedy enacts itself  
With the same resolution, the same weakness.  

I am sick of this life of furnished rooms.  
I am sick of having colds and headaches:  
You know my strange life. Every day brings
Its quota of wrath. You little know
A poet’s life, dear Mother: I must write poems,  
The most fatiguing of occupations.

I am sad this morning. Do not reproach me.
I write from a café near the post office,
Amid the click of billiard balls, the clatter of dishes,  
The pounding of my heart. I have been asked to write  
“A History of Caricature.” I have been asked to write  
“A History of Sculpture.” Shall I write a history
Of the caricatures of the sculptures of you in my heart?

Although it costs you countless agony,
Although you cannot believe it necessary,
And doubt that the sum is accurate,
Please send me money enough for at least three weeks.

01 octubre, 2015

Dos poemas de James Schuyler


En la foto Frank O'Hara, John Button, James Schuyler y Joe LeSueur, 1960.

Aquí un par de poemas de James Schuyler y una entrevista en su residencia final, el Chelsea Hotel. Acá un ensayo de Charles North sobre el verso de Schuyler. Y aquí un enlace para descargar en PDF el poema que le valió el premio Pulitzer, The Morning of the Poem.


POEMA

¿Qué tal ser una hoja de roble
si tuvieras que ser una hoja?
Imagina que pudieras vivir tu vida de nuevo
sabiendo lo que ya sabes
Imagina que tienes un montón de dinero

“Aléjate de mí, idiota insignificante”.

Cae la noche a principios de marzo,
eres como el olor del desagüe
de un restorán donde el paté de la casa
es una lonja de frío asado alemán
húmedo e indefinido. Te falta encanto.

*

FEBRERO

Una chimenea, respira una pequeña humareda.
El sol, a quien no logro ver
como hace un poco de rosado
no puedo ver bien en el azul.
El rosado en cinco tulipanes
a las cinco PM el día antes del primero de marzo.
El verde del tallo y las hojas del tulipán
como algo que no puedo recordar,
como encontrar una cebolla del pantano
lejos y hace mucho tiempo.
Porque entonces era diciembre
y el sol caía sobre el mar
cerca de los templos que fuimos a visitar.
Una ola verde se agitaba en el mar violeta
como el edificio de la ONU en bellos atardeceres,
verde y húmeda
mientras el cielo se ponía violeta.
Algunos almendros
Tenían algunas flores, como copos de nieve
salidos de la nada rosados a causa de la luz.
Un silencio gris
en el cual los caminos subían por la segunda avenida
hacia el cielo. Apenas
iban a remontar la colina.
Las hojas verdes de los tulipanes en mi escritorio
como la luz del pasto sobre la carne
y una campanario verde de cobre
y rayos de las luces que empezaban a brillar.
No logro sobreponerme
a como todo parece funcionar en conjunto
como una mujer que recién se asomó a su ventana
y se queda parada llenándola
con su hijo en los brazos.
Pareciera estar tan lejos. ¿Acaso es la luz
la que hace ver tan rosada a la guagua?
Puedo ver sus pequeños puños
y el agitarse de las tetas de la madre.
Está cada vez más gris y dorado y frío.
Dos leones del tamaño de perros enfrentados
en las puntas de una techumbre.
Es el polvo amarillo dentro de los tulipanes.
Es la forma de los tulipanes.
Es el agua en el vaso donde están los tulipanes.
Es un día como cualquier otro.

*

POEM

How about an oak leaf
if you had to be a leaf?
Suppose you had your life to live over
knowing what you know?
Suppose you had plenty of money

“Get away from me you little fool.”

Evening of a day in early March,
you are like the smell of drains
in a restaurant where paté maison
is a slab of cold meat loaf
damp and wooly. You lack charm.


FEBRUARY

A chimney, breathing a little smoke.
The sun, I can’t see
making a bit of pink
I can’t quite see in the blue.
The pink of five tulips
at five p.m. on the day before March first.
The green of the tulip stems and leaves
like something I can’t remember,
finding a jack-in-the-pulpit
a long time ago and far away.
Why it was December then
and the sun was on the sea
by the temples we’d gone to see.
One green wave moved in the violet sea
like the UN Building on big evenings,
green and wet
while the sky turns violet.
A few almond trees
had a few flowers, like a few snowflakes
out of the blue looking pink in the light.
A gray hush
in which the boxy trucks roll up Second Avenue
into the sky. They’re just
going over the hill.
The green leaves of the tulips on my desk
like grass light on flesh,
and a green-copper steeple
and streaks of cloud beginning to glow.
I can’t get over
how it all works in together
like a woman who just came to her window
and stands there filling it
jogging her baby in her arms.
She’s so far off. Is it the light
that makes the baby pink?
I can see the little fists
and the rocking-horse motion of her breasts.
It’s getting grayer and gold and chilly.
Two dog-size lions face each other
at the corners of a roof.
It’s the yellow dust inside the tulips.
It’s the shape of a tulip.
It’s the water in the drinking glass the tulips are in.
It’s a day like any other.


28 septiembre, 2015

Tres poemas de Adrienne Rich




En esta ocasión le pedí a mi amiga Amelia Bande, dramaturga o, mejor dicho, escritora que aborda la escritura, la performance, el guión y otras formas, que me diga cuáles son sus poemas favoritos de Adrienne Rich (1929-2012) y que escriba un parrafito introductorio para mis traducciones, que me diga cómo fue que descubrió a esta poeta. ¿Y por qué Amelia? Porque ella me introdujo en profundidad a su lectura y porque creo que comparten la convicción de que cada creación de la palabra debe ser un acto vital, único, sin desperdicio.

Toma la palabra Amelia Bande:

"En el 2000, tomé un curso de poesía y estudiábamos el Vintage Book of Contemporary American Poetry, una antología que traía muchos poetas que después se convirtieron en favoritos: Frank O´Hara, Mark Doty, Mark Strand, Elizabeth Bishop, Audre Lorde. Yo estaba obsesionada con encontrar a los poetas gays y lesbianas del libro. A veces decía algo de eso en la biografía, pero a veces no decía nada. Entonces yo trataba de adivinar quién era gay leyendo los poemas. Ahí venían varios de Adrienne Rich: Snapshots of a Daughter-in-Law, Planetarium, The Burning of Paper Instead of Children, For the Record, For an Album y Paula Becker to Clara Westhoff. Este último poema era sin duda un poema lésbico, y así fue cómo entré a Adrienne Rich. Años después alguien me prestó el The Dream of a Common Language y no me podía separar del libro. Lo empezaba de nuevo para no terminarlo. Lo leía, lo abrazaba, anotaba frases, me aprendía pedazos de memoria. Entonces es difícil elegir solo un par de poemas favoritos porque todos son hermosos y porque muchos son cercanos a mí. Pero el que de alguna manera explica el título del libro, la parte I de Origin and History of Conciousness podría decirse que sí, es mi favorito de Adrianne Rich. Nadie duerme en esta pieza sin el sueño de un lenguaje en común. Creo que sigo durmiendo y despierta en esa pieza, cada vez que lo vuelvo a leer."


ORÍGENES E HISTORIA DE LA CONSCIENCIA

I.

Vida nocturna. Cartas, diarios y whisky
en el vaso. Poemas crucificados en el muro,
diseccionados, sus alas de pájaro cortadas
como trofeos. Nadie vive en esta habitación
sin haber pasado por una crisis de algún tipo.

Nadie vive en esta habitación
sin enfrentar el blanco del muro
detrás de los poemas, tablones con libros,
fotografías de heroínas muertas.
Sin contemplar al fin aunque tarde
la verdadera naturaleza de la poesía. El impulso
de conectar. El sueño de una lengua común.

Pensando en mis amantes y en su fe ciega,
en las crucifixiones que vivieron,
mi envidia no es sencilla. He soñado con irme a la cama
como si caminara en aguas claras rodeadas por un bosque nevado
blanco como sábanas frías, pensando, me voy a congelar aquí.
Mis pies desnudos entumidos por la nieve
pero el agua
es cálida, me hundo y floto
como un tibio animal anfibio
que ha roto la red, que ha corrido
por campos de nieve sin dejar huellas;
estas aguas borran los olores—
Ya estás a salvo
del cazador, del trampero
de los guardianes de la mente—

pero el cálido animal sigue soñando
con oro animal
que nada bajo la piscina cubierta de nieve,
y despierta y se vuelve a dormir.

Nadie duerme en esta habitación sin
el sueño de una lengua común.

II.

Fue sencillo conocerte, sencillo dejar entrar tus ojos
en los míos, decir: estos son ojos que he conocido
desde el principio… Fue sencillo tocarte
contra el fondo macheteado, el grano de lo que hemos
sido, las elecciones, los años… incluso fue sencillo
tomar la vida de la otra con las manos, como cuerpos.

Lo que no fue sencillo: despertar del ahogo
del océano que nos golpeaba por dentro como una placenta
hacia esta singularidad común, aguda,
estos dos seres que han caminado media vida sin tocar—
despertar en algo engañosamente sencillo: un vaso
cubierto por el rocío, el sonido del teléfono, el grito
de alguien siendo golpeado afuera en la calle
haciéndonos a ambas escuchar nuestro grito interno

conociendo la mente del asaltante y el asaltado
como toda mujer que quiere sobrevivir en esta ciudad,
en este siglo, en esta vida…
ambas habiendo amado la carne en su firme o blanda belleza
más que a los árboles o la música (aunque amándolos también
como si fueran carne— lo son—pero son la carne
de seres por descubrir aún en nuestra vida mayormente literal.)

III.

Es sencillo despertar con una extraña,
vestirse, salir, tomar café
y volver a integrarse a la vida. No es sencillo
despertar en un vecindario
de alguien que no es ni extraña ni conocida
en quien hemos elegido confiar. Confiar, no confiar,
nos hemos rebajado a esto, nos permitimos
descender poco a poco sobre una cuerda temblorosa
sobre lo inexplorado… Nosotras lo hicimos. Concebibles
para la otra, nos concebimos tú y yo en una oscuridad
que recuerdo anegada de luz.
A esto quiero decirle vida.

Pero no puedo decirle vida hasta que empecemos
a alejarnos de este secreto círculo de fuego
donde nuestros cuerpos son sombras enormes tiradas contra un muro
donde la noche se convierte en nuestra oscuridad interior y duerme
como una bestia estúpida, la cabeza entre las patas, en un rincón.


SEPARACIONES

I.

Mi cuerpo se abre sobre San Francisco como el día—
la lluvia cae cada poro llora por el cambio de la luz
no estoy con ella he estado durmiendo y despertando
toda la noche con ese dolor no es sólo la ausencia sino
la presencia del pasado destructiva
vivir aquí y ahora Pero si yo pudiera educarme
a mí misma, si pudiéramos aprender a aprender del dolor
incluso cuando recién nos agarra si la mente, la mente que vive
en este cuerpo pudiera negarse a ser aplastada
por ese agarre se relajaría El dolor tendría que alejarse
de mi y escuchar su oscuro aliento todavía sobre mí
pero la mente podría empezar a hablarle al dolor
y el dolor tendría que responder:
Ya estamos viejos
ya nos hemos encontrado estas son mis manos ante a tus ojos
mi figura se borraría todo lo que no es mío
yo soy el dolor de la división el creador de divisiones
soy yo el que borra a tu amante
y no las zonas horarias o las millas
no es la separación la que me llama sino yo
que soy la separación Y recuerda
no tengo existencia alguna más que en ti

II.

Me parece que ahora estoy eligiendo algo
no sufrir sin un motivo pero aun así sentir
¿Acaso el infante memoriza el cuerpo de su madre
y logra crearla en su ausencia? ¿o simplemente llora
en su soledad primordial? ¿acaso el lecho del río
que fue desviado de luto recuerda la humedad?
Pero nosotros, vivimos tanto en estas
configuraciones del pasado que elijo
separarla del pasado que no compartimos
elijo no sufrir inútilmente
detectar el dolor primordial cuando me acosa
y dirige su tenue antorcha a mis ojos borrando
sus ser particular los detalles de su amor
no seré separada de ella o de mí misma
por los mitos de la separación
mientras su mente y su cuerpo en Manhattan están conmigo más
que el aroma del eucalipto serenamente ardiente en estas colinas

III.

El mundo me dice que soy esta criatura
inspeccionada por ojos frotada por manos
quiero buscar refugio dentro de ella apoyar mi cabeza
en el espacio entre su pecho y su hombro
renunciando al poder por amor
como hacen las mujeres o escondiéndome
del poder en su amor como un hombre
rechazo lo dado la separación
entre el amor y la acción estoy eligiendo
no sufrir inútilmente y no usarla
elijo amar esta vez por una vez
con toda mi inteligencia.


PAULA BECKER A CLARA WESTHOFF

Paula Becker (1876-1907) y Clara Westhoff (1878-1954) se hicieron amigas en Worpswede, una colonia e artistas cerca de Bremen, en Alemania, en el verano de 1899. En enero de 1900 pasaron un año juntas en París, donde Paula pintaba y Clara estudiaba escultura con Rodin. En agosto regresaron a Worpswede y pasaron juntas el verano siguiente en Berlín. En 1901 Clara se casó con el poeta Rainer Maria Rilke, poco después Paula se casó con el pintor Otto Modersohn. Murió de una hemorragia después de un parto, murmurando: “¡Qué lástima!”.


El otoño parece haber disminuido su velocidad,
el verano aun persiste, incluso la luz
pareciera durar más de lo que debería
o quizás la estoy usando para negarlo.
La luna gira en el aire. No deseaba este niño.
Eres la única a quien se lo he dicho.
Quizás deseo tener un hijo, pero no ahora.
Otto tiene una forma tranquila y complaciente
de seguirme con la mirada, como si dijera:
¡Pronto vas a estar muy ocupada!
Y si, así será. Este niño será mío
no suyo. El fracaso, si es que fracaso
será completamente mío. No somos buenas, Clara,
no aprendimos a evitar estas cosas,
y cuando tenga a mi hijo será nuestro.
Últimamente me siento lejos de Otto y de todos.
Ahora sé cuál es el tipo de trabajo que debo hacer.
¡Necesito tanta energía! Tengo la sensación de que
me estoy mudando, con paciencia y sin ella,
en mi soledad. Incansable, busco en la naturaleza
nuevas formas y viejas formas en nuevos lugares,
una boca clásica, por decir algo, entre las hojas.
Sé y no sé
qué es lo que busco.
Recuerda esos meses juntas en el estudio,
tus fuertes antebrazos cubiertos de arcilla húmeda,
yo intentando hacer algo con las extrañas impresiones
que me perseguían—las flores japonesas
y los pájaros sobre la seda, los borrachos
refugiándose en el Louvre, la luz del río,
esos rostros… ¿Sabíamos exactamente
por qué estábamos ahí? París te molestaba,
encontrabas que era demasiado, aún así continuabas
con tu trabajo… y después nos encontramos ahí,
las dos casadas y pensé que tanto tú como Rilke
parecían molestos. Sentí una especie de aburrimiento
entre ustedes. Por supuesto, él y yo
no somos fáciles. Quizás yo estaba celosa
de él, para empezar, por alejarte de mí,
quizás me casé con Otto para llenar
esa soledad de estar sin ti.
Rainer, por supuesto, sabe más que Otto,
él cree en las mujeres. Pero se alimenta de nosotras,
como todo los hombres. Toda su vida, su arte,
es protegido por mujeres. ¿Quién más podría decir eso?
¿Quién de nosotros, Clara, no ha tenido que dar el salto
más allá de nuestro ser mujeres para salvar
nuestro trabajo como si nos salváramos a nosotras?
El matrimonio es más solitario que la soledad.
Te cuento algo, soñé que moría
pariendo a este niño.
No podía pintar, ni hablar, ni siquiera moverme.
Mi hijo—creo—me sobrevivía. Pero lo divertido
del sueño era que Rainer escribía mi requiem—
un largo y hermoso poema donde me llamaba amiga.
Yo era tu amiga
pero en el sueño no decías ni una palabra.
En el sueño su poema era como una carta
a alguien que no tiene derecho
a estar ahí, pero que debe ser tratado como un huésped
que llega el día equivocado. Clara, ¿por qué no sueño contigo?
Esa foto donde estamos juntas—todavía la tengo,
tú y yo mirándonos fijamente
y mi cuadro atrás de nosotros. ¡Cómo trabajábamos
lado a lado! Y cómo hemos trabajado desde entonces
intentando seguir creando de acuerdo a nuestro plan
de traer, contra toda posibilidad, todo nuestro poder
a cada tema. Guardarnos nada
porque somos mujeres. Clara, nuestra fuerza aun está
en las cosas de las que solíamos hablar:
en cómo la vida y la muerte se toman de las manos,
la lucha por la verdad, nuestra palabra contra la culpa.
Y ahora siento que se acerca el amanecer un nuevo día.
Amo despertar en mi estudio, ver mis cuadros
cobrar vida con la luz. A veces siento
que soy yo la que patea dentro de mí,
yo a la que debo amamantar, amor…
Ojala hubiésemos podido hacer esto por nosotras
por toda la vida, pero no podemos…
Dicen que una mujer embarazada
sueña con su propia muerte. Pero la vida y la muerte
se toman de las manos. Clara, me siento tan llena
de trabajo, de la vida que veo venir, de amor
por ti, quien, entre todas las personas,
sin importar lo mal que diga esto
escuchará todo lo que digo y lo que no puedo decir.

*

ORIGINS AND HISTORY OF CONSCIOUSNESS

I

Night-life. Letters, journals, bourbon
sloshed in the glass. Poems crucified on the wall,
dissected, their bird-wings severed
like trophies. No one lives in this room
without living through some kind of crisis.

No one lives in this room
without confronting the whiteness of the wall
behind the poems, planks of books,
photographs of dead heroines.
Without contemplating last and late
the true nature of poetry. The drive
to connect. The dream of a common language.

Thinking of lovers, their bind faith, their
experienced crucifixions,
my envy is not simple. I have dreamed of going to bed
as walking into clear water ringed by a snowy wood
white as cold sheets, thinking, I’ll freeze in there.
My bare feet are numbed already by the snow
but the water
is mild, I sink and float
like a warm amphibious animal
that has broken the net, has run
through fields of snow leaving no print;
this water washes off the scent—
You are clear now
of the hunter, the trapper
the wardens of the mind—

yet the warm animal dreams on
of another animal
swimming under the snow-flecked surface of the pool,
and wakes, and sleeps again.

No one sleeps in this room without
the dream of a common language.

II.

It was simple to meet you, simple to take your eyes
into mine, saying: these are eyes I have known
from the first…. It was simple to touch you
against the hacked background, the grain of what we
had been, the choices, years…. It was even simple
to take each other’s lives in our hands, as bodies.

What is not simple: to wake from drowning
from where the ocean beat inside us like an afterbirth
into this common, acute particularity
these two selves who walked half a lifetime untouching—
to wake to something deceptively simple: a glass
sweated with dew, a ring of the telephone, a scream
of someone beaten up far down in the street
causing each of us to listen to her own inward scream

knowing the mind of the mugger and the mugged
as any woman must who stands to survive this city,
this century, this life…
each of us having loved the flesh in its clenched or loosened beauty
better than trees or music (yet loving those too
as if they were flesh—and they are—but the flesh
of beings unfathomed as yet in our roughly literal life).

III.

It’s simple to wake from sleep with a stranger,
dress, go out, drink coffee,
enter a life again. It isn’t simple
to wake from sleep into the neighborhood
of one neither strange nor familiar
whom we have chosen to trust. Trusting, untrusting,
we lowered ourselves into this, let ourselves
downward hand over hand as on a rope that quivered
over the unsearched…. We did this. Conceived
of each other, conceived each other in a darkness
which I remember as drenched in light.
I want to call this, life.

But I can’t call it life until we start to move
beyond this secret circle of fire
where our bodies are giant shadows flung on a wall
where the night becomes our inner darkness, and sleeps
like a dumb beast, head on her paws, in the corner.


SPLITTINGS

I

My body opens over San Francisco like the day –
light raining down each pore crying the change of light
I am not with her I have been waking off and on
all night to that pain not simply absence but
the presence of the past destructive
to living here and now Yet if I could instruct
myself, if we could learn to learn from pain
even as it grasps us if the mind, the mind that lives
in this body could refuse to let itself be crushed
in that grasp it would loosen Pain would have to stand
off from me and listen its dark breath still on me
but the mind could begin to speak to pain
and pain would have to answer:
We are older now
we have met before these are my hands before your eyes
my figure blotting out all that is not mine
I am the pain of division creator of divisions
it is I who blot your lover from you
and not the time-zones or the miles
It is not separation calls me forth but I
who am separation And remember
I have no existence apart from you

II

I believe I am choosing something now
not to suffer uselessly yet still to feel
Does the infant memorize the body of the mother
and create her in absence? or simply cry
primordial loneliness? does the bed of the stream
once diverted mourning remember the wetness?
But we, we live so much in these
configurations of the past I choose
to separate her from my past we have not shared
I choose not to suffer uselessly
to detect primordial pain as it stalks toward me
flashing its bleak torch in my eyes blotting out
her particular being the details of her love
I will not be divided from her or from myself
by myths of separation
while her mind and body in Manhattan are more with me
than the smell of eucalyptus coolly burning on these hills

III

The world tells me I am its creature
I am raked by eyes brushed by hands
I want to crawl into her for refuge lay my head
in the space between her breast and shoulder
abnegating power for love
as women have done or hiding
from power in her love like a man
I refuse these givens the splitting
between love and action I am choosing
not to suffer uselessly and not to use her
I choose to love this time for once
with all my intelligence.


PAULA BECKER TO CLARA WESTHOFF

Paula Becker (1876-1907) and Clara Westhoff (1878-1954) became friends at Worpswede, an artist's olony near Bremen, Germany, summer 1899. In January 1900, spent a half-year together in Paris, where Paula painted and Clara studied sculpture with Rodin. In August they returned to Worpswede, and spent the next winter together in Berlin. In 1901, Clara married the poet Rainer Maria Rilke; soon after, Paula married the painter Otto Modersohn. She died in a hemorrhage after childbirth, murmuring, What a shame!


The autumn feels slowed down,
summer still holds on here, even the light
seems to last longer than it should
or maybe I'm using it to the thin edge.
The moon rolls in the air. I didn't want this child.
You're the only one I've told.
I want a child maybe, someday, but not now.
Otto has a calm, complacent way
of following me with his eyes, as if to say
Soon you'll have your hands full!
And yes, I will; this child will be mine
not his, the failures, if I fail
will all be mine. We're not good, Clara,
at learning to prevent these things,
and once we have a child it is ours.
But lately I feel beyond Otto or anyone.
I know now the kind of work I have to do.
It takes such energy! I have the feeling I'm
moving somewhere, patiently, impatiently,
in my loneliness. I'm looking everywhere in nature
for new forms, old forms in new places,
the planes of an antique mouth, let's say, among the leaves.
I know and do not know
what I am searching for.
Remember those months in the studio together,
you up to your strong forearms in wet clay,
I trying to make something of the strange impressions
assailing me—the Japanese
flowers and birds on silk, the drunks
sheltering in the Louvre, that river-light,
those faces...Did we know exactly
why we were there? Paris unnerved you,
you found it too much, yet you went on
with your work...and later we met there again,
both married then, and I thought you and Rilke
both seemed unnerved. I felt a kind of joylessness
between you. Of course he and I
have had our difficulties. Maybe I was jealous
of him, to begin with, taking you from me,
maybe I married Otto to fill up
my loneliness for you.
Rainer, of course, knows more than Otto knows,
he believes in women. But he feeds on us,
like all of them. His whole life, his art
is protected by women. Which of us could say that?
Which of us, Clara, hasn't had to take that leap
out beyond our being women
to save our work? or is it to save ourselves?
Marriage is lonelier than solitude.
Do you know: I was dreaming I had died
giving birth to the child.
I couldn't paint or speak or even move.
My child—I think—survived me. But what was funny
in the dream was, Rainer had written my requiem—
a long, beautiful poem, and calling me his friend.
I was your friend
but in the dream you didn't say a word.
In the dream his poem was like a letter
to someone who has no right
to be there but must be treated gently, like a guest
who comes on the wrong day. Clara, why don't I dream of you?
That photo of the two of us—I have it still,
you and I looking hard into each other
and my painting behind us. How we used to work
side by side! And how I've worked since then
trying to create according to our plan
that we'd bring, against all odds, our full power
to every subject. Hold back nothing
because we were women. Clara, our strength still lies
in the things we used to talk about:
how life and death take one another's hands,
the struggle for truth, our old pledge against guilt.
And now I feel dawn and the coming day.
I love waking in my studio, seeing my pictures
come alive in the light. Sometimes I feel
it is myself that kicks inside me,
myself I must give suck to, love...
I wish we could have done this for each other
all our lives, but we can't...
They say a pregnant woman
dreams her own death. But life and death
take one another's hands. Clara, I feel so full
of work, the life I see ahead, and love
for you, who of all people
however badly I say this
will hear all I say and cannot say.


24 septiembre, 2015

Dos poemas de John Wheelwright



Estos dos poemas de John Wheelwright fueron tomados de sus Collected Poems, publicados por New Directions en 1971.


¿POR QUÉ TIENES QUE SABERLO?

para Ethel Ripley Thayer

–¿Qué fue eso que escuchamos
caer sobre la nieve?
–“Era un pájaro congelado.
¿Por qué tienes que saberlo?”
Toda la aburrida tierra sabe lo bueno
que es el aire, con garras y alas,
lágrimas por las preguntas dispersas
que arden en el fuego de nuestra sangre.”
–Deja que las garras y el pico del aire
se lleven mis acciones lejos,
donde ninguna primavera deshiela
la escarcha para sus semillas”.
–“Uno podría descifrar cada sonido
que la sangre circulante podría decir
que escuchó la sílaba diurna
al yacer muy pegado al suelo”.
–“Mi carne, mis huesos y tendones
Podrían ahora discernir
las aguas ocultas en ti
Tierras y aguas que arden”.
–“Aquel que regresa a la tierra
halla consuelo en su peso, y hondo
escucha la sangre siempre sostener
el silencio entre las gotas de lluvia”.


FAMILIAR

para James Laughlin IV

Oh, dorado palacio estatal de Boston; ¡oh, reluciente cabello irlandés!
Vi a Lady Bountiful dando un paseo bajo la clara luz del sol.
Una chica atractiva, si no tuviera labios en lugar de párpados.
Pensé haber visto a dos personas distintas, y me confundí.
Verás, esto fue lo que pasó... Lady Bountiful iba modesta, incluso elegantemente
vestida en dos dimensiones, pero la sombra de Lady Bountiful
tenía tres dimensiones, y se arrastraba detrás de ella como
el hedor de los eructos de un carterista de sirvientas galesas.

*

WHY MUST YOU KNOW?

For Ethel Ripley Thayer

–“What was that sound we heard
fall on the snow?”
–“It was a frozen bird.
Why must you know?
All the dull earth knows the good
that the air, with claws and wings
tears to the scattered questionings
which burn in fires of our blood.”
–“Let the air’s beak and claws
carry my deeds
far, where no springtime thaws
the frost for their seeds.”
–“One could fathom every sound
that the circling blood can tell
who heard the diurnal syllable,
while lying close against the ground.”
–“My flesh, bone and sinew
now would discern
hidden waters in you
Earth, waters that burn.”
–“One who turns to earth again
finds solace in its weight; and deep
hears the blood forever keep
the silence between drops of rain.”


FAMILIAR

For James Laughlin IV

O, gilded Boston State House; O, gleaming Irish hair!
I saw Lady Bountiful taking a walk in clean sunlight.
A goodlooking girl, if only she hadn’t lips for eyelids.
I thought I saw two persons, and I got all mixed up.
You see, it was this way…Lady Bountiful was modestly, even stylishly
dressed in two dimensions. But Lady Bountiful’s shadow
had three dimensions, and crept behind like
pickpocket stenches of belches of Welch wenches.